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Desde hace millones de años, la humanidad ha habitado y transformado constantemente nuestro planeta. En sus inicios, los cambios que realizaba eran modestos y se limitaban principalmente a su entorno rural. El ser humano, en su búsqueda de un refugio seguro, se enfrentaba a un mundo que a menudo resultaba hostil. En esta primera etapa de su evolución, la especie buscaba establecerse, protegerse y asegurar su supervivencia.
Este proceso obligó al ser humano a desplegar toda su capacidad creativa, adaptándose a las circunstancias de su época. Así, comenzó a construir asentamientos, apropiándose de terrenos y estableciendo un nuevo orden social. A medida que avanzaba el tiempo, estas transformaciones se volvieron más complejas, reflejando la evolución de la sociedad y su relación con el entorno.
Con el paso del tiempo y el aumento de las exigencias individuales y colectivas el hombre se encuentra nuevamente enfrentado a elegir entre ir recorriendo lugares en busca de satisfacer las necesidades básicas o quedarse y establecerse en un solo espacio, y es en ese momento de la historia donde el humano le da un giro contundente, no solo a su propia vida, sino a la de las demás especies, porque allí encuentra un tesoro, una fortuna, se ve cara a cara con el poder, es decir con la capacidad de ejercer la propiedad sobre un lugar y/o un elemento y esta a su vez defenderla de terceros.
Como el afán por incrementar su cantidad de posesiones no paró, las sociedades tuvieron que buscar una forma de proteger todo aquello que caía en su poder, el hombre identificó la necesidad que surgía frente a este tema, entendió que apoderarse de un objeto no era simplemente tenerlo y disponer de él a su antojo, sino que debía adquirir un título, una prueba fehaciente de la legitimidad de esta tenencia y a su vez adquirir la capacidad de usarlo a su parecer. |
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